FORMANDO AL INDIVIDUO A PARTIR DEL DEPORTE
sábado, 14 de marzo de 2015
sábado, 7 de marzo de 2015
el ser humano como parte de la sociedad
El ser humano, al igual que muchos animales, tiende a vivir en sociedad. Las relaciones sociales e interpersonales constituyen una auténtica necesidad para lograr un desarrollo adecuado y expansivo de la personalidad, aunque también pueden ser una fuente de conflictos.
El recién nacido comienza su vida de relación de un modo también activo, ya que no sólo conecta con los demás a través de la satisfacción de sus necesidades elementales que ve cubiertas por la madre, sino que grita o llora reclamando lo que desea. La primera infancia está marcada por una intensa dependencia de los demás, ya que el niño moriría si no fuese por las relaciones que mantiene con los demás.
Esta dependencia se mantiene en menor grado durante las posteriores épocas de la vida, prácticamente en todos los ámbitos: la educación, el trabajo, la familia, etc., de tal modo que las relaciones sociales resultan imprescindibles para lograr el desarrollo de las propias aptitudes y de la personalidad. Además hay que considerar la influencia sociocultural que recibimos a través de la transmisión directa por parte de personas próximas o mediante los medios de comunicación social. Se puede decir que el hombre actual vive bajo la influencia de un continuo bombardeo de estímulos entre los que destacan los que se refieren a la conducta social y a los hábitos de otras personas. Se produce entonces un aprendizaje sociocultural paulatino por el que cada persona va reteniendo parte de la información que recibe y modelando unas formas de respuesta más o menos estructuradas, a la vez que se adapta en mayor o menor medida a una serie de patrones de conducta de su medio sociocultural.
En este aprendizaje influyen también factores de imitación, que actúan de un modo más ostensible cuanto mayor sea la admiración y proximidad que se mantiene con una persona determinada. Por ejemplo, es frecuente que los hijos imiten los gestos y expresiones de sus padres. También suelen adquirir durante la infancia gran parte de sus creencias, formas de comportamiento, costumbres y tradiciones, que más tarde, con la llegada de la adolescencia, pondrán en tela de juicio.
La vida de relación puede constituir, por diversos motivos, una fuente de problemas para el niño. Muchas veces se produce una cierta discordancia entre los modelos socioculturales que se le ofrecen, con lo que el niño se siente incapaz de elaborar un patrón educacional a este nivel que tenga suficiente coherencia. Tal es el caso de los niños que tienen padres que se contradicen mutuamente en planteamientos fundamentales sobre las relaciones interpersonales o sociales, que no actúan de acuerdo con las teorías que predican; o de niños que encuentran en los profesores del colegio o en sus amigos patrones socioculturales distintos, incluso opuestos, a los ofrecidos por su ambiente familiar. En todos estos casos se puede producir una falta de orientación más o menos grave causada por estas contradicciones que da lugar a que el niño no pueda aspirar a conseguir unas pautas de comportamiento coherentes en sus relaciones sociales, ya que no sabe bien lo que los demás esperan de él. La consecuencia puede ser una personalidad mal estructurada, con un fondo importante de inseguridad en sí mismo, que se manifiesta especialmente dentro del campo de las relaciones sociales.
En otras ocasiones los problemas derivan de la dificultad que surge ante la necesidad de adaptarse a determinados ambientes o transformaciones sociales. Por ejemplo, el cambio de domicilio a un nuevo país con costumbres y patrones de comportamiento en las relaciones sociales muy distintos a los que anteriormente se venían desarrollando, exige un esfuerzo de adaptación más o menos intenso que, de no lograrse, puede ocasionar problemas de incomunicación, aislamiento, falta de integración social e incluso trastornos del tipo de la depresión. La incomunicación prolongada por disminución o ausencia de relaciones interpersonales es un factor que favorece extraordinariamente la aparición de numerosos trastornos psicopatologicos que varían desde los trastornos por ansiedad a la depresión o a síndromes paranoides; pero también se puede producir el fenómeno en sentido inverso, ya que una de las principales manifestaciones de la casi totalidad de los trastornos psicopatológicos es el deterioro de la vida de relación.
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el individuo como ente de cambio
El cambio social se genera en el cambio individual
Estamos en una época que nos obliga a acelerados y profundos cambios, y muchas veces va en contra de la creatividad, transformación e investigación ya que requiere tiempo.
Pero, ¿dónde se tienen que producir estos cambios? Cada persona es generadora del cambio. Todos somos dueños de nuestro presente y capaces, con nuestras pequeñas acciones, de colaborar en una transformación más grande. Podemos construir nuestras propias competencias y habilidades para convertirnos en agentes de cambio. Es esencial darse permiso para cambiar las cosas. Los retos de la sociedad necesitan que cada persona pueda ser protagonista del cambio, desde cualquier ámbito, ya sea local o global.
Todos, somos propulsores de la transformación, sólo tenemos que encontrar la manera de hacerlo y creérnoslo.
Siempre que aparece la palabra crisis viene bajo una connotación negativa. Y en realidad, es una llamada de atención ante problemas que nos exigen soluciones. Y es el mejor escenario para producirse transformaciones positivas en el mundo. Es el momento del cambio y la oportunidad. Todos podemos tomar las riendas para salir fuera y hacer algo que tenga repercusión y contribuya a arreglar el mundo y tenemos las herramientas necesarias para hacerlo: el conocimiento y fundamentalmente la imaginación.
Los valores una herramienta que transforma la vida del ser humano
El debate pedagógico de los últimos años sobre las finalidades de la educación, ha considerado la urgente necesidad de incorporar en el currículo escolar la formación y práctica en valores. Tal proposición se ha argumentado en la imperiosa contribución que las instituciones educativas deben dar a la problemática social, en la cual los derechos y prácticas de convivencia fundadas en el respeto y la equidad, se yerguen únicamente como buenos propósitos.
Diversas experiencias sobre currículo y formación en valores en los últimos años, han generado importantes lecciones que dan cuenta de i) los límites de la formación en valores reducida a discursos de corte ético y moralizador, que no se expresan efectivamente en la vida cotidiana de la institución educativa, y ii) la estrecha vinculación entre formación en valores y proyecto de sociedad y vida pública y privada que se busca construir.
A partir de dichas lecciones, podemos afirmar que la formación en valores que un sistema educativo promueve no es relevante si carece de un norte que señale el modelo de sociedad que se quiere construir. No es, por tanto, una suerte de “eje transversal” -como se diría ahora- que promulga valores “neutros” o principios éticos universales, que pueden ejercerse de manera individual, sin la presencia de un “otro”. Formar en valores conlleva un conjunto de prácticas y contenidos éticos y filosóficos que dan cuenta de modelos de relación entre individuos que interactúa y participan en un espacio social determinado.
Desde esta perspectiva, la formación en valores es un ejercicio permanente de concreción en la cotidianidad de la “sociedad que queremos”. Educar en valores tiene que ver, por tanto, con aquel tipo de aprendizaje humano que permite apreciar valores, es decir, incorporar prácticas y actitudes que den paso al cumplimiento de derechos y responsabilidades de las personas. En otro sentido, que favorezcan la construcción y profundización de la democracia.
La formación en valores en sociedades como las latinoamericanas, tiene relevancia en la medida en que contribuye a fortalecer la construcción de un proyecto nacional que amplíe el proceso de democratización de la esfera de las relaciones políticas, en las que el individuo es tomado en consideración en su papel de ciudadano, a la esfera de las relaciones sociales, donde el individuo es tomado en consideración en su diversidad de papeles y estatus específicos como padre, madre, hijo , cónyuge, empresario, trabajador(2) .
Una propuesta de formación en valores, por tanto, guarda estrecha relación con distintas maneras de concebir la construcción de la democracia, tanto en las esferas públicas como privadas de las personas.
el ser humano ser digno en la tierra
Toda persona tiene derecho a vivir en la tierra no importando su condición de vida, sea estrato bajo, medio, o alto no deja de ser un ser humano creado por Dios, y que por ende necesita que se le respete sus derechos en cualquier parte del mundo.
La dignidad no es creer que llevamos una vida correcta pero otra es muy diferente la que se esta viviendo, la dignidad se vasa en el reconocimiento de la persona de ser merecedora de respeto sin importar como sea y que situación este viviendo o padeciendo.
Tolerar la diferencias de cada persona, para que esta se sienta digna y libre, se confirma la virtud y la propia dignidad del individuo, fundamentado en el gran respeto a cual quier otro ser.
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